Tras 2 años de vacío y con un título de doctor a las espaldas, creo que es hora de volver, aunque sólo sea porque si no mi amigo Dani me quitará toda estima, pues ya no le hace gracia competir conmigo a ver quién gana en entradas (tranquilo, Dani, remontaré...)
Podría debatir sobre cualquier cosa pasada durante estos 2 años, pero si no lo hice entonces no lo haré ahora; si esas cosas no tenían necesidad de ser escritas antes, no tendría sentido escribirlas ahora. Pero indirectamente estarán contenidos aquí esos años porque fueron indispensables para que llegara el 19 de enero de 2012.
Ese día por la mañana me pareció que era el último día de mi vida porque, mientras iba sola en metro a encontrarme con mi destino, pasó ante mí toda mi vida, me vi en el colegio, en mi casa, en la universidad, me vi riendo, llorando, ilusionada y desesperanzada, pensé en cuantas veces creí que no llegaría ese día, pensé en todas las veces que en lo sentimental, en lo laboral y en la salud me creí vencida, y sonreí de satisfacción aunque aún no fuera el momento idóneo, simplemente porque todo aquello ya había pasado, porque ocurriera lo que ocurriese en unas horas ese era mi día y nadie podría arrebatarme el orgullo personal que sentía, no por estar a punto de tener un título más en mi carrera, sino por haber SOBREVIVIDO hasta llegar ese momento. Me sentí fuerte.
Minutos antes de la hora señalada seguía el recorrido por mi vida, pero esta vez en forma de personas. Con cada cara que aparecía, me llegaba un recuerdo, un sentimiento, más cercano, más lejano o más continuo en el tiempo, todos formando mi historia. Cada abrazo me daba más vida y a la vez me deshacía. Cuántas ganas tenía de llorar...
Y llegó el momento, y me crecí sobre él, cada vez más grande, el mundo era mío, yo poderosa. Me daba ya igual lo que estaba diciendo. Me parecía que todos se ahogaban en mis ojos y que me los bebía hasta emborracharme (miento, la verdadera borrachera vino más tarde). Me interrogaron, pero mis respuestas ya eran balas y yo sólo pensaba en disparar. Fragilidad y descaro hasta que se acabó, sí, se había acabado, tic tac hasta el "veredicto", un cum laude de aplausos para la nueva Doctora en Matemáticas.
Después, el estómago encogido, la piel erizada, el corazón en carne viva, el alma hipersensibilizada, horrible y placentera sensación. Un momento en soledad para autoabrazarme y recobrar fuerzas para... saltar, reír, beber, amar, cantar, volver a saltar, reír, beber, amar, cantar... ¡¡gran boda gitana!!
Quizá parecerá exagerado, pero quien haya esperado con muchísimas ganas durante muchísimo tiempo algo concreto que le haya costado sudor y lágrimas, me entenderá. Vale, yo quizá no sudé tanto por esto en concreto y no hinqué codos sobre los libros tan a menudo, pero me ha supuesto una superación en otros muchos aspectos de mí. Gracias a todos los que estuvisteis, antes o después, en persona o en corazón, no lo olvidaré.
Sólo me queda acabar con la maldita pregunta: ¿Y ahora qué? Pues yo qué coño sé y a mí que coño me importa, a ser feliz, digo yo, ¿no?
Cosas que son de marica
Hace 2 meses

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