Todo parece mucho más difícil. Levantarse de la cama es un gran esfuerzo, pero no es sólo por las consecuencias del alcohol. El motivo principal es que ya no están ni el ruido, ni las luces, ni la gente, ni la euforia. Yo hoy no escucho siquiera mi voz, a no ser que hable conmigo misma. Y siento que la inseguridad, tan tramposa, intenta engañarme haciendo que me vea menos capaz de las cosas en las que ayer me garantizaba triunfadora. Me asaltan las dudas sobre el futuro, sobre el trabajo, sobre la salud, sobre la amistad, sobre el amor. Todo avanza como en una cuerda floja. No, más bien nada avanza, sino que se quedan inmóviles en la cuerda y ése es el motivo de que se tambaleen.
Pero tengo que recordar que son apariencias, confiar en mí misma. Puedo levantarme, puedo recomponerme, mañana saldrá el sol aunque lo escondan las nubes, y yo estaré aquí de nuevo, con el mismo coraje que me mantuvo en pie tantas veces, ocasiones que sin duda eran más límite que ésta, cuando sí que había oscuridad y el futuro era incierto. Así que se acabó esta parada, sigo caminando sobre mi cuerda y alzo la voz con el fin de escucharme para reivindicar los antónimos de hoy que mañana conquistaré: alegría, compañía, bienestar, felicidad, valor...

Ánimo. Para empezar a caminar de nuevo solo hace falta mover un pie. El otro le seguirá.
ResponderSuprimirSaludos