Lo que ayer parecía trascendente se va disolviendo con el tiempo entre todas las otras cosas que siguen pasando cada día, como la sal en el agua o el azúcar en el café. Ya no están las piedrecitas molestas, ya no rompen la armonía. Todo vuelve a ser como era antes. Sin embargo, algo sí que cambia un poco: el
sabor, invisible e intocable, perceptible sólo por quien 'gusta'. Espero que siga sabiendo bien.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada